Reflexión
Hoy buscando entre los apuntes de primero de carrera he encontrado un folio que nos entregó los últimos días de clase un gran profesor que tuvimos, Miguel Ángel Carretero, donde ponía:
No educas cuando impones conductas, sino cuando propones valores que motivan.
No educas cuando impones caminos, sino cuando enseñas a caminar.
No educas cuando impones el sometimiento, sino cuando despiertas el coraje de ser libres.
No educas cuando impones tus ideas, sino cuando fomentas la capacidad de pensar por cuenta propia.
No educas cuando impones el terror que aísla, sino cuando liberas el amor que acerca y comunica.
No educas cuando impones tu autoridad, sino cuando cultivas la autonomía del otro.
No educas cuando impones la verdad, sino cuando enseñas a buscarla honestamente.
No educas cuando impones disciplina, sino cuando formas personas responsables.
No educas cuando impones el respeto, sino cuando lo ganas con tu autoridad de persona respetable.
Y ahora que me paro a pensar, creo que han sido pocos los profesores que me han educado. Pero ¿acaso las leyes lo permiten? o más difícil aún ¿los profesores saben y quieren educar?
En esta misma asignatura, Didáctica General impartida en la Universidad de León, nos hicieron cuestionarnos muchas cosas y mis reflexiones parecen de una persona pesimista, cuando no me considero así para nada, pero tengo escritas frases que cuando las he vuelto a leer ahora, parecía que las había escrito hacia dos segundos. Como por ejemplo:
- “Vivimos en la sociedad de la información con los habitantes de la ignorancia”
- “En la escuela preparamos a los niños para la vida, pero lo que estamos haciendo es echarles a los leones”.
- “El alumno nunca valorará el esfuerzo y trabajo del profesor”.
- “Estamos en el mundo de lo “a medias” ya que somos felices a medias, libres a medias, educados a medias…”
Lo que quiero decir con todo esto es que las cosas no han cambiado con el paso del tiempo. Lo único que cambia es la gente que ya no está y lo que has olvidado por el camino, la edad que tienes y tu sentido del humor, pero hay cosas que no deberían cambiar y hay profesores y compañeros que no deberían de irse.
Gracias en especial a Laura, Iciar y Carolina por haber sido mis grandes profesoras en estos tres años. No dudéis nunca de que vais a ser, y sois, unas magníficas educadoras.
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